Un soplo de alegría.

Ya han pasado varios días, y el hambre es cada vez más grande, los alimentos escasean y la gente ya no desperdicia tanto la comida como antes. Mi buen amigo esta aquí temblando de frío ya que las temperaturas están bajando y su capa de piel es cada vez mas fina y está llegando un momento en el que el frío empieza a traspasarla.

No quisiera llegar a la desesperación de tener que pedir , pues no quiero limosna de nadie, pero no seme ocurre nada más. Hemos buscado por todas las partes de esta gran ciudad, pero nada, cuatro trozos de comida ya en estado de putrefacción avanzado, y los restos de una lata de atún ha sido todo nuestro sustento en 5 días. Tenemso suerte que las fuentes públicas aún sigan funcionando, sino, posiblemente, nuestro estado sería de ingresar en un hospital.

Un momento, alguien me está mirando desde la otra cera, lleva ya un buen rato quieto, inmovil ,sin apartar la vista de mi. Esto no me gusta, ahora hay que andar con cuidado con todas esas bandas limpiacalles con aires de reyes y sólo quieren sacar sus mundicias y satisfacer su mal estar social con los más pobres e indefensos.

Espera un momento, creo conocer a esa persona, es que hace tanto tiempo que no halbo a nadie y ya esoty empezando a olvidar todas aquellas personas que una vez formaron parte de vida.

¡Joder, no puede ser! Es Guildo, fue mi mejor amigo antaño, fue mi alma gemela, pero... ¿cómo me habrá encontrado? ¿Porqué ha venido? Hace ya 4 años que vivo en las calles y no tengo contacto con nadie...

Se esta acercando, me ha visto en la cara que le he reconocido, no quiero halbar con él, no se que decirle, no quiero que toda esa vida que la estaba empezando a olvidar, asalte mi cabeza otra vez, ahora estoy tranquilo, y quiero seguir así.

- ¡Hola Ben! - dijo con voz temblorosa.

- ¡Hola! - contesté sin mucho ánimo.

Entonces nos miramos fijamente y durante un par de minutos el silencio fue nuestra conversación. Luego se corto cuando se puso a halbar con mi amigo.

Yo les miraba, y una gran congoja me recorría todo el cuerpo, ese nudo en la garganta y esas ganas de abrazarle, pero no lo hacía, porque todo podía volver y no he estado 4 años en la calle para en un momento perderlo. No, no quiero volver a ser quien era. No lo haré.